Gemma Triay: la segunda oportunidad que encontró en el pádel tras dejar el tenis
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Gemma Triay ha sido la segunda protagonista de Bullpodcast, el nuevo formato de Bullpadel que busca salir del 20x10 para conocer la parte más humana de los jugadores. En una charla extensa y muy personal con Nacho Palencia, la menorquina repasó su infancia ligada al tenis, la presión que vivió desde muy joven, la lesión que cambió su camino y cómo el pádel apareció casi por casualidad hasta convertirse en su segunda oportunidad deportiva.
De Alaior a Mallorca con 14 años
Gemma Triay Pons nació en Menorca, concretamente en Alaior, aunque su vida deportiva la obligó a salir pronto de casa. Con 14 años se marchó a Mallorca para formarse en un centro de tecnificación de tenis.
La jugadora recuerda aquella etapa como una experiencia positiva, pero también muy exigente. Su rutina combinaba colegio, entrenamientos, físico, residencia y estudio. Todo con una edad en la que la mayoría todavía está lejos de asumir ese nivel de responsabilidad.
Triay explicó que el tenis formaba parte de su vida desde pequeña. Su familia estaba muy vinculada a este deporte y ella empezó a competir muy pronto. Sin embargo, esa facilidad para ganar en Menorca también generó una presión difícil de gestionar.
La presión en el tenis: ansiedad, vómitos y una lesión decisiva
Uno de los momentos más sinceros de la entrevista llegó cuando Triay habló de la presión que sintió en su etapa como tenista. La menorquina reconoció que llegó a pasarlo muy mal antes de competir, con episodios de ansiedad e incluso vómitos antes de los partidos.
“Lo normal era ganar”, explicó al recordar cómo en Menorca se esperaba que ganara siempre. Esa exigencia, unida a su propio carácter competitivo, terminó pasando factura.
A los 16 años sufrió una lesión importante en el abdominal. Se rompió, volvió, recayó y repitió ese proceso varias veces. La lesión la tuvo alrededor de un año parada y todavía hoy le deja secuelas: no puede hacer carrera continua porque el dolor aparece a los pocos minutos, aunque sí puede realizar desplazamientos específicos de pádel sin molestias.
Ese periodo marcó un punto de inflexión. Triay se planteó si seguir peleando por una carrera en el tenis o dejarlo para estudiar. Finalmente decidió parar.
Barcelona, universidad y una vida “normal”
Tras dejar el tenis, Gemma Triay se marchó a Barcelona para estudiar y vivir una etapa diferente junto a amigas de Menorca. Durante un tiempo dejó atrás la competición, los torneos y la disciplina diaria de alto rendimiento.
La propia jugadora definió esos años como una vida normal: universidad, amigas, Erasmus y una rutina alejada del deporte profesional. Pero el gusanillo competitivo seguía ahí.
Fue entonces cuando apareció el pádel. Primero como una actividad universitaria. Después, como una forma de hacer deporte los fines de semana. Y más tarde, casi sin darse cuenta, como una posibilidad real.
Una pala de Wallapop y el inicio inesperado en el pádel
Uno de los detalles más llamativos de la entrevista fue el origen de su primera pala. Triay contó que compró una pala de segunda mano en Wallapop tras volver de su Erasmus en Nancy, Francia.
Con esa pala empezó a jugar y acabó llegando al Club de Masnou, donde conoció a Jake Benzal. Allí le propusieron competir en el circuito catalán y, en 2013, empezó a dar sus primeros pasos en el pádel competitivo.
El salto llegó cuando Paula Eyheraguibel le propuso jugar el circuito profesional. Aquello implicaba viajar, perder seminarios de la universidad y asumir gastos. Triay llamó a su padre para explicarle la situación. Su respuesta fue clara: si aquello iba en serio, la apoyaría.
Ese momento abrió la puerta a una carrera que todavía no había empezado de verdad, pero que ya empezaba a cambiarlo todo.
Una carrera construida paso a paso
Triay destacó durante la charla que una de las cosas que más valora de su trayectoria es haber vivido todas las etapas de una jugadora: desde la previa hasta el número uno del mundo.
En 2014 y 2015 jugó con Paula Eyheraguibel. Después llegó su etapa con Lucía Sainz, con quien fue creciendo de manera progresiva hasta alcanzar el número uno en 2020.
Más tarde formó pareja con Alejandra Salazar, una etapa que recuerda con especial cariño y que define como uno de los momentos más importantes de su carrera. También pasó por proyectos junto a Marta Ortega, Claudia Fernández y Delfi Brea, con quien actualmente ha vuelto a alcanzar la cima.
Alejandra Salazar, una compañera clave en su madurez
Triay fue especialmente clara al hablar de Alejandra Salazar. Para ella, Alejandra es la mejor jugadora de la historia del pádel.
La menorquina explicó que jugar con Salazar le ayudó a entender mejor la competición y a gestionar de otra manera los momentos difíciles. Si en su etapa con Lucía Sainz todavía se consideraba mentalmente más débil, con Alejandra aprendió a disfrutar también del sufrimiento competitivo.
“Con Ale empecé a disfrutar sufriendo”, vino a resumir durante la entrevista. Una frase que explica bien la evolución de una jugadora que pasó de sufrir la competición en soledad en el tenis a encontrar en el pádel un deporte más compartido, más asumible y más conectado con su forma de ser.
Delfi Brea, Claudia Fernández y las compañeras que marcaron su camino
En la parte final de la charla, Triay repasó algunas cualidades de sus compañeras más importantes. De Paula Eyheraguibel destacó la experiencia y lo que le enseñó sobre cómo jugar al pádel. De Lucía Sainz, la disciplina. De Alejandra Salazar, la alegría y el gen de número uno. De Marta Ortega, el trabajo y la constancia.
Sobre Claudia Fernández utilizó una palabra muy potente: admiración. Triay valoró especialmente el rendimiento que tuvo Claudia jugando con ella pese a su poca experiencia en rondas finales.
De Delfi Brea destacó su gen competitivo, su capacidad de liderazgo y su valentía en los momentos importantes.
La retirada, la maternidad y una vida con fecha de caducidad deportiva
Otro de los momentos relevantes llegó cuando Triay habló de futuro. La menorquina reconoció que tiene en la cabeza un horizonte aproximado de cinco o seis años para retirarse, aunque dejó claro que no es una decisión cerrada.
El motivo principal es su deseo de ser madre. Triay explicó que formar una familia es uno de sus sueños y que, por una cuestión biológica, sabe que su carrera deportiva tiene una fecha de caducidad.
También dejó claro que le gustaría retirarse bien, sin arrastrarse en la pista. Quiere cerrar el capítulo cuando sienta que ya no merece la pena seguir compitiendo al máximo nivel.
Gemma Triay, más allá del personaje competitivo
La entrevista dejó una imagen distinta de Gemma Triay. Más allá de la jugadora seria, exigente y competitiva, apareció una deportista sensible, consciente del camino recorrido y muy marcada por las decisiones que tomó desde joven.
Triay habló de presión, ansiedad, lesiones, renuncias, familia, compañeras, lágrimas y futuro. También de una idea que resume buena parte de su historia: el pádel le dio una segunda oportunidad que no estaba buscando.
Lo que empezó con una pala comprada en Wallapop y unos interclubs de domingo terminó convirtiéndose en una de las carreras más importantes del pádel femenino. Y, según dejó entrever, todavía queda recorrido.
Puedes ver la entrevista completa aquí.
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