Ignacio Soto Borja: cómo se construyó el pádel tal y como lo conocemos hoy
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Ignacio Soto Borja no fue “solo” un cofundador del pádel. Su papel, tal y como él mismo define, fue el de investigador y promotor, acompañando a Enrique Corcuera en el reconocimiento formal de su creación y en la defensa de su origen mexicano ante el mundo. Esa combinación: memoria, reglas, institución y difusión, es la que explica por qué un juego nacido en Acapulco terminó convirtiéndose en un deporte global.
Este artículo se ha elaborado a partir de una entrevista en exclusiva concedida por Ignacio Soto Borja a Pádel Al Revés, donde repasa con detalle su recorrido, los momentos clave y las decisiones que ayudaron a profesionalizar el pádel desde sus cimientos.
De la confusión al relato oficial: la búsqueda del origen del pádel
Durante años, el origen del pádel se contó de forma desigual. En países donde el deporte creció muy rápido, como Argentina o España, se instalaron relatos que atribuían allí su nacimiento. Soto Borja decidió ir a la fuente: viajó, escuchó versiones, contrastó testimonios y se puso como objetivo despejar el ruido.
En la entrevista explica que fue un proceso largo, con contradicciones, hasta que pudo cerrar el círculo con el propio Enrique Corcuera, fijando el origen de manera inequívoca y recuperando para México el lugar que le correspondía en la historia del deporte.
La primera gran obra: institucionalizar el pádel en México
Confirmar el origen era solo el primer paso. El siguiente era el más complejo: convertir un juego familiar en un deporte con estructura, en un momento en el que, según su propio relato, el pádel en México estaba rezagado y con pocas pistas sin criterios homologados.
Soto Borja funda la Federación Mexicana de Pádel en 1992 y consigue su reconocimiento oficial en enero de 1993, un hito que abre la puerta a integrar a México en el ecosistema internacional del deporte y a ocupar un lugar en la dirección de la Federación Internacional de Pádel (FIP). Él lo resume como una batalla contra el escepticismo y la desorganización: ordenar reglas, definir estructuras y convencer a actores dentro y fuera de México.
Unificar el nombre: por qué “Pádel” importaba más de lo que parece
Uno de los detalles que mejor explica su visión es este: antes de expandirse, el deporte necesitaba una identidad clara. En aquel momento circulaban nombres como Paddle Tennis, Paddle Corcuera o Rebotenis Paddle. Soto Borja, junto a Julio Alegría Artiarch, impulsó el proceso para universalizar e hispanizar el término “Pádel”.
Puede parecer un cambio menor, pero no lo es: sin un nombre único, no hay relato común, no hay reglamento reconocible y no hay construcción de marca deportiva global.
Reglas y protección: del “se juega así” al reglamento registrado
La profesionalización también pasó por lo legal. En la entrevista, Soto Borja explica que fue fundamental revisar el reglamento con su autor: paredes, altura, red, especificaciones… y después enfocarse en su registro ante derechos de autor, además de fijar medidas reglamentarias de la cancha.
Ese paso, convertir el conocimiento práctico en documento formal, es uno de los grandes puentes entre el juego doméstico y el deporte organizado.
La revolución de la pista: estandarización y el salto al vidrio templado
El pádel necesitaba algo más: un modelo de pista replicable. Soto Borja buscó materiales, probó soluciones y llegó al vidrio templado como respuesta técnica y práctica. En el camino, junto al ingeniero Pablo Cortina, desarrolló la primera cancha oficial prefabricada con lozas de concreto conforme al reglamento actualizado, inaugurada por el propio Corcuera en Coyoacán (Ciudad de México).
El uso del vidrio, al principio resistido, terminó demostrando seguridad y cambió el deporte: mejoró la visibilidad, ordenó el estándar y facilitó que las canchas pudieran producirse con lógica industrial. Soto Borja vincula ese paso con la posibilidad real de expansión: si cada pista es distinta, el deporte no escala; si hay estándar, el pádel puede crecer.

Copa Corcuera 1993: el torneo que fue mucho más que un torneo
Si hay un punto de inflexión en la proyección internacional, es la Copa Enrique Corcuera de 1993 en Acapulco. Soto Borja la describe como el primer gran torneo internacional, con una logística que hoy suena a película: una cancha de vidrio trasladada desde Argentina que llegó apenas días antes del evento, y la construcción de pistas adicionales en el Hotel Villa Vera con apoyo de su propietaria, Lisa Renstrom.
Más allá de lo deportivo, la Copa fue un hito institucional: reunió delegaciones de 14 países, contó con jugadores de referencia y, durante el evento, se celebró una asamblea extraordinaria de la FIP en la que se reconoció oficialmente a Enrique Corcuera como creador, se formalizó el nombre “Pádel” y se consolidó la estructura de la federación internacional con nombramientos clave.
La gira de una pista y el desembarco en Norteamérica
La misma cancha de vidrio no se quedó en México: tras Acapulco inició una gira simbólica y práctica. Soto Borja recuerda su traslado a Houston y después a Calgary, como parte del arranque del pádel en Norteamérica.
En paralelo, en torno a esa etapa se organiza el Encuentro Trinacional entre México, Estados Unidos y Canadá, concebido como un evento con lectura deportiva y también de integración. Él lo vincula explícitamente a un contexto de apertura y conexión regional, y destaca la difusión que tuvo en México gracias a su componente mediático.
Pádel y cultura: el museo itinerante del juego de pelota prehispánico
Aquí aparece otra idea poco común en el deporte moderno: dotar al pádel de profundidad cultural. Soto Borja explica por qué decidió incorporar un museo itinerante del juego de pelota prehispánico en el marco del encuentro: México tiene tradición milenaria de juegos de pelota, y conectar el pádel con esa herencia era una forma de mostrar que el deporte no nacía “en el vacío”.
Según su testimonio, la reacción fue clara: sorpresa, respeto y curiosidad. El mensaje era doble: el pádel era nuevo, sí, pero también era hijo de una tierra con identidad deportiva ancestral.
“La Historia Oficial del Pádel”: ordenar la memoria para evitar distorsiones
Con el paso de los años, Soto Borja se convierte también en guardián del relato. Impulsa junto a Viviana Corcuera el proyecto “La Historia Oficial del Pádel”, primero en audio y después en versión impresa con fotografías inéditas.
Su motivación, contada en la entrevista sin rodeos, es dejar un testimonio fiel y corregir cómo muchas historias se habían distorsionado con el tiempo. Documentos y testimonios, dice, devolvían a México su lugar legítimo.
El sueño olímpico: un objetivo que empezó antes de lo que muchos creen
La ambición olímpica no es un discurso reciente. Soto Borja recuerda que la primera solicitud ante el Comité Olímpico Mexicano se realizó en 1994 y que ese mismo año el pádel tuvo una exhibición en el Festival Olímpico Mexicano, con participación internacional.
En su visión, el objetivo más cercano se mira hacia Brisbane 2032, apoyado en el crecimiento y la expansión federativa del pádel a nivel global. En la entrevista, además, subraya el hito de haber alcanzado 100 federaciones afiliadas en el marco de una Asamblea General de la FIP, como señal de madurez institucional del deporte.
El legado humano: un deporte para integrar, no solo para competir
Soto Borja habla del pádel como algo más que un marcador: lo entiende como espacio de integración real, donde se construyen lazos entre edades, familias y comunidades. Y deja un consejo muy concreto para las nuevas generaciones: seguir tomando clases, no solo para mejorar, sino para prevenir lesiones y poder practicarlo con continuidad.
Incluso su relación actual con el pádel está marcada por esa misma lógica: cuenta que dejó de jugar tras una intervención de columna, pero sigue aportando historia y documentación desde su divulgación personal.
Conclusión: por qué Ignacio Soto Borja es “el arquitecto” del pádel moderno
Enrique Corcuera inventó el juego. Ignacio Soto Borja ayudó a que ese juego tuviera historia verificable, nombre universal, reglamento protegido, pista estandarizada, estructura federativa y proyección internacional. En otras palabras: construyó el andamiaje que hace posible que hoy hablemos de pádel como deporte global.
Y quizá lo más relevante es que lo hizo entendiendo algo esencial: en el deporte, como en la vida, no basta con que algo exista. Para que perdure, hay que ordenarlo, documentarlo y compartirlo.
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