Lucas Orduña: competir al máximo sin dejar de lado los estudios
Publicado:
Actualizado:
5 min y 46 seg
Lucas Orduña acaba de firmar unas últimas semanas que refuerzan todo lo que ya venía apuntando en la pista. El jugador valenciano, que cumplió 20 años pocos días antes de esta conversación, ha seguido sumando puntos en varios torneos FIP Bronze y Silver, ha participado en el Premier Padel Valencia P1 y, a finales de julio, se proclamó campeón de los European Universities Games 2026 junto a Jorge Ferre con la Universitat de València. Un recorrido reciente que ayuda a entender por qué su nombre empieza a pesar cada vez más dentro del pádel joven de la Comunitat.
Pero más allá de los resultados, lo interesante en su caso está en todo lo que representa. Lucas no solo compite en absoluto y se mueve ya en escenarios internacionales, sino que lo hace mientras compagina el pádel con unos estudios exigentes y una realidad muy común entre muchos jugadores jóvenes: poco tiempo, recursos limitados y la sensación de tener que avanzar más deprisa que las circunstancias.
Mucho más que una promesa del pádel valenciano
Lucas Orduña lleva años siendo uno de esos jugadores que aparecen de forma natural en cualquier conversación sobre presente y futuro del pádel valenciano. Ha pasado por toda la etapa de menores en la Federación Valenciana y ahora compite en absoluto junto a Dani Beneyto, con quien ha llegado a ocupar el número uno de la Comunitat Valenciana.
Ese salto no se explica solo por talento. También tiene que ver con una evolución mucho más completa. En su caso, el crecimiento reciente nace de una combinación bastante clara: más convicción competitiva, un entorno que le ha dado confianza para mirar más arriba y una mejora física que ha cambiado su forma de estar en pista.
El físico como punto de inflexión
Mientras muchos jugadores jóvenes marcan sus objetivos solo en rondas, puntos o resultados, Lucas entendió que su margen de mejora estaba antes en otro sitio. La preparación física dejó de ser un complemento para convertirse en una prioridad.
Esa decisión le ha dado algo muy concreto: más tiempo para jugar. Más estabilidad en pista, más capacidad para sostener intercambios, más opciones de ser agresivo sin desordenarse y, sobre todo, más margen para decidir mejor. En un deporte tan rápido como el pádel actual, llegar bien colocado a cada bola cambia por completo la lectura del partido.
No es una idea menor. Muchas veces se habla de técnica, de táctica o de pegada, pero en perfiles jóvenes como el suyo la diferencia real puede estar en construir el cuerpo que permita sostener todo lo demás.

Competir y estudiar también es competir
Uno de los rasgos que hacen especialmente interesante el caso de Lucas es que rompe con un discurso demasiado instalado en algunos entornos del pádel: el de que para intentarlo de verdad hay que dejar de lado los estudios cuanto antes.
Su trayectoria va justo en la dirección contraria. A su nivel competitivo suma una nota de 13,74 en Selectividad y el reconocimiento como mejor deportista con expediente académico de la Comunitat Valenciana. No es un detalle decorativo, sino parte central de su perfil y de su mensaje.
Detrás de eso hay una rutina poco visible: viajes con apuntes, vueltas de torneo con exámenes a la vista, menos días de entrenamiento que otros rivales y una carga mental que no siempre se tiene en cuenta cuando se comparan resultados. Por eso, cada victoria de jugadores que están en esta situación vale algo más que un simple partido ganado. Habla de nivel, sí, pero también de organización, resistencia y capacidad para sostener dos exigencias a la vez.
El filtro económico del circuito
Si hay un punto donde muchos jóvenes coinciden hoy, es en la dificultad de competir con continuidad sin respaldo económico. En el caso de Lucas, esa realidad aparece de forma muy clara: viajar, inscribirse y construir calendario sigue dependiendo en gran parte del esfuerzo familiar.
Eso influye mucho más de lo que parece. No solo limita el número de torneos, también condiciona cómo se compite. No es lo mismo planificar con tranquilidad que salir a jugar sabiendo que cada desplazamiento pesa en casa y que un mal resultado tiene un coste inmediato.
Desde ahí también se entiende una de las críticas más repetidas al circuito FIP: no siempre ordena a los jugadores por nivel real, sino por capacidad para viajar más, competir más semanas y sumar más oportunidades. En una estructura así, el ranking no siempre cuenta toda la verdad.
Una mirada crítica sobre el camino al profesionalismo
Lucas forma parte de una generación que está viviendo de cerca las contradicciones del sistema. Por un lado, el circuito FIP debería servir como puerta de entrada hacia el profesionalismo. Por otro, muchos jugadores sienten que esa vía pierde sentido cuando no hay límites claros y cuando compiten en esos torneos perfiles con estructuras y experiencia mucho más consolidadas.
La consecuencia es evidente: acceder arriba no depende solo del nivel. También depende del dinero, del calendario, del apoyo y del contexto. Y eso deja a muchos jugadores jóvenes en una zona extraña, donde progresar exige rendir muy bien, pero también sobrevivir a una estructura que no siempre premia del todo al que más juego tiene.
El valor de seguir mirando al pádel valenciano
En un momento en el que muchos jugadores enfocan toda su atención hacia lo nacional o lo internacional, Lucas sigue defendiendo la importancia de cuidar el circuito valenciano. No como refugio, sino como parte necesaria del ecosistema.
La idea tiene sentido. Si los referentes de una comunidad no compiten, no aparecen y no respaldan lo local, es mucho más difícil que ese tejido crezca con fuerza. El pádel valenciano necesita torneos, apoyo, estructura y también respuesta por parte de sus propios jugadores. No basta con pedir más si luego no se sostiene lo que ya se pone en marcha.
En ese punto su reflexión conecta con un debate más amplio: el pádel no crece solo a base de grandes nombres y grandes pistas. También lo hace cuando se fortalece la base, cuando hay circuitos con vida, cuando se cuida la cantera y cuando se entiende que el ecosistema va mucho más allá de los focos del circuito principal.
Lucas Orduña ya no es solo un nombre a seguir por sus resultados. También empieza a ser una figura interesante por cómo entiende el momento que vive el pádel desde abajo, desde la competición real y desde una generación que todavía tiene mucho que decir. Y precisamente por eso merece la pena escucharle con calma en la conversación completa, donde desarrolla con más detalle todo lo que hay detrás de su crecimiento y de su mirada sobre el deporte.